Lleva 12 años viviendo en Madrid. Vino, al igual que muchos otros ecuatorianos, aprovechando el boom económico de España en la década de los 90. En un hostal, cerca de la Estación de Atocha, pasó sus primeros días, los más solitarios. No conocía a nadie, contaba con unos pocos euros en la cartera y la incertidumbre era su compañía.
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