1001el-secreto..jpgUna obsesión por la verdad transforma al actor argentino en un jubilado tribunalicio en El secreto de sus ojos, la última película de Campanella.
Hace diez años el destino hizo que se reencontrara en Buenos Aires con un paisano que había conocido en su juventud en las calles de Nueva York. Ese joven era Juan José Campanella. Un encuentro que Darín no olvida porque marcaría el inicio de una gran amistad y de una relación profesional que ha cosechado muchos éxitos. Darín delante de la cámara y, detrás de ella, Campanella.
"Tuve el honor que me convocara a su primera película en Argentina, El mismo amor, la misma lluvia. Reapareció en mi vida con un libro bajo el brazo y me dijo: 'Ésto lo escribí pensando en vos. Me gustaría saber tu opinión'. Lo leí y me quedé muerto. Le respondí: '¿Qué hay que hacer?'. Allí empezamos este largo camino juntos", recuerda el actor.
Un recorrido que ha dado vida a inolvidables películas como El hijo de la novia o Luna de Avellaneda, y que ahora nos sorprende con El secreto de sus ojos. Una historia cargada de suspense que no abandona los rasgos propios de lo que Darín define -en tono jocoso- como campanellismo. "Uno nota que está su impronta, no sólo en los diálogos sino en el tratamiento de los personajes. Y ni hablar de la comunicación con los actores, es especial, y uno se siente más relajado", dice.
Muchos lo consideran el actor fetiche de Campanella, pero lo replica con sarcasmo: "¡Más que eso, soy una chica Almodóvar!" (risas). Mantiene el humor a pesar de que ha dormido muy poco en la última semana. Ha tenido una agenda repleta desde que, junto a Campanella y la protagonista femenina Soledad Villamil, presentó la película en el Festival de San Sebastián. Las críticas fueron excelentes y vaticinaban que podría ser premiada con la Concha de Oro y Darín con la Concha de Plata al mejor actor. Pero, a pesar de tantos rumores, el jurado sorpendió y no otorgó ninguno.
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Antes de conocerse el veredicto, Darín prefería mantenerse cauto por
respeto a las otras producciones. Una postura que mantiene cuando se le
consulta por su otra película que estará en cartel el 4 de diciembre,
El baile de la Victoria del aclamado director español Fernando Trueba,
y que será la candidata de España en la gala de los Oscar. Esta
producción también se proyectó, aunque fuera de concurso, en San
Sebastián pero la crítica no fue muy positiva. "Cuando se presentó la
gente aplaudió de pie y muchos estaban emocionados. Me parece a mí que
algunos críticos no vieron la misma película o lo hicieron en otras
circunstancias", rebate.
Sea con Trueba o con Campanella, se siente muy a gusto. Les define como dos grandes cineastas y excelentes personas. Admira el trato de ambos con los actores y que sepan disfrutar con la parte lúdica que implica contar una historia y jugar a ser otras personas: "Y otorgan el tiempo necesario para que el trabajo se pueda hacer en calma. Con ellos lo urgente no está por delante de lo importante".
Precisamente el tiempo es fundamental en la película de Campanella. El secreto de sus ojos nos llevará en un contínuo ir y venir, del presente al pasado. En ella, Darín encarna a Benjamín Espósito, un trabajador tribunalicio que se ha jubilado y decide ocupar sus horas en escribir una novela. Un asesinato sin resolver nutrirá la historia literaria y trasladará a los personajes desde la Argentina actual a la de hace 25 años atrás.
Benjamín echará mano de los recuerdos para reconstruir los hechos y descubrir la verdad. Un ejercicio que cuestionará a la justicia y aclarará no sólo el homicidio sino su propio destino. "La estructura narrativa de la película nos obliga no sólo a viajar hacia atrás y revisar la memoria colectiva, sino también a desconfiar de los recuerdos", apunta. Un viaje en el que los detalles cobran gran importancia. Una frase y, sobre todo, las miradas serán las claves para descubrir lo sucedido. Una búsqueda cargada de suspense que sorprenderá a los espectadores.
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