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Wendy Guerra: entrelazando voces

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Enlaza un tema con otro, habla muy rápido, y entre frase y frase se va desprendiendo un dulce olor a cultura y arte que lleva a repensar el significado de cada una de las palabras que pronuncia. Wendy Guerra es una de las voces más relevantes de la literatura hispanoamericana contemporánea.

wendyguerra

Forma parte del grupo Bogotá 39, ha sido galardonada con el Primer Premio Bruguera de Novela 2006 por su obra Todos se van, novela que además fue seleccionada por el diario El País como uno de los mejores libros publicados en ese año. Y, ahora, la autora cubana publica Posar desnuda en La Habana, un diario apócrifo donde entrelaza la vida de la también escritora Anaïs Nin. Una obra en la que cada párrafo ahonda en el vacío profundo del alma humana.

TOUMAÏ_ ¿Por qué hacer un libro sobre Anaïs Nin?
Wendy Guerra_ Las amigas de mi madre solían buscar la casa de Anaïs. Había vivido en Cuba y no teníamos noticias de dónde. Mi Mamá murió sin saberlo. Finalmente, la encontré y el certificado de matrimonio de Hugo Miller, el certificado de defunción de su padre, el pianista y compositor José Joaquín Nin Castellanos, pude entrevistar a su hermano... increíble. En Cuba tenemos muy pocos libros, pero los que hay son buenos. Había llegado toda esta colección de Bruguera a la casa de Alenjo Carpentier y nos la prestaron. Fue como regalar a mi madre, a su generación, un poquito de ella. Decidí, entonces, fabular y trenzar su voz y la mía.
T_ ¿Cuánto duró este proceso?
WG_ Doce años, pero no todos los días. Iba a Los Angeles, a Paris, venía, seguía con mis libros, porque no soy multimillonaria para en todo este tiempo dedicarme sólo a eso. Lo hice con mucha pasión y poco dinero.
T_ ¿Cuándo empezó esta búsqueda ya sabía lo que iba a publicar?
WG_ Sí, un apócrifo. Anaïs estaba muy viva para mí, aunque había muerto en 1977 y yo nací en el 70, pero era interesante ver si mi voz podía doblarse. Además fue un orgullo porque la admiro, fue testigo y buen traductor de aquella época.
T_ ¿Cuándo supo que estaba preparada?
WG_ Realmente escribí muchas secuencias que vi en el diario. Luego vino el trabajo con los correctores de estilo, los editores y fui puliendo. “Pañito y sufrimiento”, como decía el poeta Antonio José Ponte.
T_ Tuvo además la ocasión de entrevistar al marido.
WG_ Sí, a Rupert Pole, el segundo. Era mucho más joven que ella. Fue un encuentro maravilloso, natural, muy inspirador. En sí, no había una aparente profundidad en lo que hablábamos, pero las pequeñas cosas, ver los dibujos eróticos de Henry Miller allí al lado de la cama... aparentemente parecía frívolo, pero no lo era, ellos dos entendían que eso era la historia, la historia era el diario y el diario era la obra. Estas conversaciones tienen que ser muy livianas porque sino abrumas a los entrevistados y te vuelves loca. Ellos nunca te van a hablar de lo cotidiano, que es lo que te ayuda a fabular. No puedes preguntar cuántas cuartillas escribía o si leía a Faulkner, porque te pierdes lo demás.... Él me dijo un día: “Porque no te esperó”. Se sentía un mal intermediario, pero era el perfecto, porque la amó y la cuidó hasta el último momento.

“Ser cubano es muy duro. Es una actitud ante la vida. Estamos muy separados y desarticulados, siendo una isla tan unida y teniendo tantas cosas”

T_ ¿Cree que una persona puede dejar un rastro tan profundo tanto tiempo después?
WG_ Sí, era casi su trabajo. El ser testimonio de una época, era escritora de diarios. Por su cuerpo, como en canales de agua, pasaba toda esa vida que era arte, era psicoanálisis y, por eso, puede perdurar.
T_ ¿Ha sido un viaje interior? ¿Cómo es Wendy Guerra antes y después de este libro?
WG_ Entendí a mi padre, que es muy difícil, a través de su obsesión con el suyo. Lo que es padecer a una autora en mi propia familia, la breve que tengo, que es muy poca. También ser cubana y no saberlo, porque ella vivió siempre fuera del país. He entendido lo que tuve, lo que está escrito... El libro es corto, pero cada parte ha sido una alucinación, muy guiada académicamente. No sabía que podía trabajar con los archivos, con la voz de otro... humildemente, no lo soy, pero fue un ejercicio de obligación a la humildad, y está bien.
T_ El tema de la sexualidad es muy importante en su vida y, también en la de Anaïs.

WG_ Sí, somos una nación “Anaïzada”, no “analizada”. Casi siempre los puntos que van por el canal sexual son muy subrepticios, no los notamos. Tú sí, pero son reflejos y proyecciones personales. Aunque la promiscuidad parisina de la época en la que en el Café de Flore se decidía el destino del arte, es muy distinta a un internado en La Habana sin nada que comer y que cuando se va la luz... Hay muchos de esos artistas cubanos que están en el Moma, como muchos amigos de Anaïs que cuelgan ahora de los grandes museos del primer mundo. Así que hay ahí algunos canales interiores, recurrentes... Este libro me ha hecho entender que todo el tiempo una no puede ser grave, debe relajarse... Cada cosa tiene su forma, no se puede ir por la vida actuando. Una mujer es muchas mujeres a la vez. Llevo un diario, y tengo una dramaturgia. Por la mañana eres feliz, por la noche trágica, al mediodía estás exhausta, y yo soy muy así, como Anaïs, un drama expuesto todo el tiempo, una dramaturgia que queda en mí a través de este libro y post diario.

“La poesía es un orgasmo (...) Llega, te posee y se va. Muy linda”

T_ Es muy interesante su reflexión de “vivir en primera persona” que habló en Casa de América. “Nosotros éramos un proyecto colectivo que una persona había pensado para todos nosotros. La ausencia de lecho, no tenía un cuerpo personal sino que pertenecía a un grupo de personas, a una generación a un proyecto revolucionario”.
WG_
A mí lo que me interesa son las cosas simples, porque las complicadas están todas escritas, y el que crea que va a inventar el café con leche se ha equivocado. Hay que reinventar nuestros palacios interiores, pero no puedes ir toda la vida transcendiendo las cosas, porque uno no está reflexionando todo el tiempo. Y alcanzas una arteria suave, delicada y por ahí puedes internarte. Pero si a ti te agarran por el pelo y te tratan de citar a Catulo o todo el tiempo te hablan en latín o te proyectan películas rusas, o te hacen escuchar a Tchaikovski, llega un momento en que te desprendes de las simples cosas de la vida.  
T_ Dice que no puede dejar de hablar de política, que todo está conectado, del aislamiento de la isla, del embargo internacional… "Mi madre tuvo Alzheimer muy joven y dejó de recordarme a mí pero recordaba a Fidel".
WG_ Y dependiendo de tu posición política leen tus libros aunque hables del año 1922. Ser cubano es muy duro. Es un actitud ante la vida. Estamos muy separados y desarticulados, siendo una isla tan unida y teniendo tantas cosas pequeñas  como la inmensidad de la música y la profundidad del mar, no sé como nos dejamos arrebatar la fuerza de este mundo.
wendyguerra2T_ ¿Cómo se imagina el futuro de Cuba?
WG_ Primero que siga flotando, ya sólo eso sería un acto de fe. Estar juntos sobreviviendo. No sé, no sé, no tengo ni idea... yo escribo el diario en presente continuo. La supervivencia no te permite pensar en el futuro. Pregúntale a los que han sobrevivido a las guerras. Esto es una guerra, en otra clave, pero una guerra.
T_ El diario como forma narrativa es una de sus constantes. ¿Por qué? ¿Para cuándo una novela?
WG_ Ya, sí, terminé una ahora, la acabo de entregar. Se llama Negra, sobre racismo, recetas exorcistas y abortos de la religión Yoruba... eso bien potente y bien profunda. Pero me siento mas cómoda en el diario. Todos los días escribo. Es como para un actor que le interesa el teatro, aunque gane más en el cine, lo mío es el diario, que sea potable algo tan denso como lo que pasa cada día.
T_ También ha tocado la poesía y el cine, ¿cuál de ellos es la mejor manera de expresarse?

WG_ La poesía es un orgasmo. Sólo escribiría poesía, pero a veces necesito hablar un poco más... Son ocho horas al día, desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, y quizás luego escribo poesía. Es muy inspiradora, llega te posee y se va. Muy linda.
T_ Si hoy supiera que se iba a morir, ¿qué haría?
WG_ Pensaría en que le diría a mi madre, porque sería la primera en encontrarme. Qué diablos le respondo para todo esto que he escrito. Y, luego, saber qué le llevo de cenar, porque ella no sabe cocinar.

 



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