¿1977 es su primer disco en España?
Sí, es la primera vez que vengo a presentar una producción propia. Pero he estado en Barcelona cantando con amigos. El hecho de ver aquí editado mi disco es emocionante. Sé que estoy sembrando y que veré los frutos en este país más adelante.
¿Pero es novedoso una cantante de hip-hop latina aquí?
Creo que sí, que uno venga de gira y sea editado. No es común. Me parece que es la primera vez. Orishas hizo algo similar en Francia. Igual se siente que es un trabajo a largo plazo.
¿Qué se encontrarán las personas en 1977?
Es un disco en castellano. Reflexivo. Es simple, sin parafernalia. Lo grabamos en un corto tiempo. Todo lo hice en Chile, es un producto nacional. Hecho en casa. Íntimo. Al lado de amigos que conozco de hace muchos años.
¿Sus canciones son muy críticas?
Creo que el historial familiar tiene influencia (sus padres huyeron a Francia durante la dictadura de Pinochet). Es algo que es parte de mí, es lo que pienso y me interesa. Es delicado, porque no quiero caer en lo panfletario. Hay un límite súper delgado. Pero más que crítica es ser sensible, no perder la capacidad de asombro.
¿Escribe de Chile o del entorno?
De lo que me llega y de temáticas que me afectan, como la pobreza en un barrio de Santiago. Pero puede ser la misma realidad que se vive en un lugar de España o de Latinoamérica. Hay cosas que se repiten, suena cliché, pero es así.
¿Dónde fue su contacto con el hip-hop y el rap?
En Francia. Me gustaba desde chica. Pero empecé a escribir y dedicarme a esto en Chile. Fue difícil. Inicié, como todos, cantando en la calle. Lo que pasa en Latinoamérica es que hay carencia en la producción, pero mucho talento. También falta entender que esto es un trabajo y una profesión, como un médico o abogado. De esto vivo, no es un hobby.
Gracias








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