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Gustavo Salazar, una vida entre libros

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unavidaentre6Vive rodeado de papeles. Los que se amontonan en su mesa del consulado de Ecuador en Madrid, con expedientes y expedientes de compatriotas que necesitan legalizar algún trámite; entre las libretas que transporta de un lado a otro llenas de minúsculas anotaciones por ambas caras a lápiz y bolígrafo...

Herbin Hoyos, la voz de la libertad

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herbin3En 1994 vivió en carne propia la experiencia del secuestro. De vuelta a la libertad, se propuso hacer un programa radial para que los secuestrados en Colombia recibieran mensajes de aliento de sus familiares y amigos, una iniciativa que lleva diecisiete años en el aire. Tras sobrevivir a cinco atentados contra su vida, abandonó Bogotá en 2008 y se instaló en Madrid, donde ha logrado seguir con su labor e incluso exportarla.

Karla Zelaya, la perseverante

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1106karla1La vida de Karla Zelaya, quien llegó a ser la mano derecha de la primera dama de su país, Honduras, fue una hasta el día en que apareció la enfermedad de su hijo menor. Le tuvo que pagar un costoso tratamiento y perdiendo prácticamente todo. Renunciando a muchas comodidades, llegó a España con la ilusión de abrirse un nuevo camino. Hoy, tres años después, sabe que su futuro está en este lado del Atlántico.

Ana Granowsky, volver a empezar

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ana3La vida de Ana Granowsky no es solo una entre seis millones. Su historia es una excepción entre miles. A sus 57 años, esta argentina es una de las pocas personas en el mundo que ha logrado sobreponerse a la rotura de un aneurisma cerebral y que, tras una larga recuperación, puede contarlo.

Ney Briones. Algo más que la apariencia

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ney1Quería saber qué había al otro lado del oceáno. Buscaba hacer realidad sus ilusiones que iban más allá de tener una buena casa y una consulta. Este ecuatoriano, médico, trabaja ahora en Barcelona aportando más que su profesionalidad: intenta ayudar a los demás y devolver a su país “algo de lo que él me ha dado”

Gustavo Reyes, historia de un pequeño gran artista

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1011ninocantor2Nació en Santa Cruz de la Sierra, tiene sólo once años y es hijo de una pareja de inmigrantes que eligió España para labrarse un futuro mejor, pero su talento le convierte en un niño singular.
"El Charrito" ha compartido escenario con Joselito, Tamara y Shaila Durcal, ha participado en programas como Cántame una canción y ha cautivado con su voz a miles de espectadores.

Andrés Collado, respirando puro arte

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1001andres7 Vive entregado por completo a la pintura. Piensa, duerme y come sólo por el arte. Este mexicano de 38 años llegó hace casi diez a Madrid dispuesto a conocer más y a beber de nuevas experiencias que le permitieran avanzar en su carrera.

Ana Beatriz Corona, un sueño hecho realidad

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Lo persiguió durante muchos años y lo consiguió. Es una apasionada de la música, especialmente del violín, y le encanta trabajar con niños. Juntó los dos, y a eso se dedica, es profesora. Pero además está implicada en un proyecto muy especial, Voces y Música para la Integración, que pretende abrir un espacio de integración donde niños y niñas, inmigrantes o no, pueden disfrutar y aprender este arte.Lo persiguió durante muchos años y lo consiguió. Es una apasionada de la música, especialmente del violín, y le encanta trabajar con niños. Juntó los dos, y a eso se dedica, es profesora. Pero además está implicada en un proyecto muy especial, Voces y Música para la Integración, que pretende abrir un espacio de integración donde niños y niñas, inmigrantes o no, pueden disfrutar y aprender este arte.

 

Manuel Macas, perseverancia sobre ruedas

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Lleva 12 años viviendo en Madrid. Vino, al igual que muchos otros ecuatorianos, aprovechando el boom económico de España en la década de los 90. En un hostal, cerca de la Estación de Atocha, pasó sus primeros días, los más solitarios. No conocía a nadie, contaba con unos pocos euros en la cartera y la incertidumbre era su compañía.Lleva 12 años viviendo en Madrid. Vino, al igual que muchos otros ecuatorianos, aprovechando el boom económico de España en la década de los 90. En un hostal, cerca de la Estación de Atocha, pasó sus primeros días, los más solitarios. No conocía a nadie, contaba con unos pocos euros en la cartera y la incertidumbre era su compañía. 

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