Raúl Nieto, entrenador y ex futbolista ecuatorianoSu pasión es el fútbol. Desde muy pequeño iba todo el día detrás del balón, llegó a ser un profesional reconocido en Ecuador y, desde entonces, no ha parado. Ahora, con 42 años y las botas colgadas, se dedica a dirigir a los más jóvenes, y otros no tanto (está con un equipo sénior de Madrid). Esta es su historia.
Hay decisiones que cambian el curso de los acontecimientos. Es el tiempo quien acaba sentenciando cuál fue la correcta, pero entonces ya es demasiado tarde para cambiar. Simplemente, se acepta el camino elegido.
El punto de inflexión para Raúl Nieto llegó cuando tenía 30 años. Si hubiera escogido la otra alternativa, aquella que en su momento se perfilaba como la más agria y complicada, hoy quizás viviría en Ecuador, en su ciudad natal, Riobamba, quizás estaría al mando de un equipo de primera y, quizás, aún le darían la mano en el mercado gracias a la popularidad que alcanzó como futbolista.
Pero nada de eso sucedió. Raúl vive en España, tiene 42 años, tres hijos, y es entrenador de fútbol.
Está lloviendo, pero ninguno de los chicos tiene intención de abandonar el campo. Él tampoco. Adora este deporte, lo lleva dentro desde que se colaba en los estadios de fútbol siendo muy pequeño. Luego fue creciendo y la pelota seguía ahí. Intentó estudiar Filosofía, pero no tardó en entrar en el Club Deportivo Universidad Católica. Y entonces su carrera fue imparable. Diez años en el equipo, después al Espolí y, más tarde, al Olmedo de Riobamba. Con estos últimos logró cosechar grandes éxitos y consagrarse como un gran profesional. Pero cómo pasa con la mayoría de los deportistas, todo va bien hasta que llega la tan temida lesión. Y él no escapó de ésta. Rotura de tibia y peroné. Seis meses alejado de los estadios. Además, empezaba a tener una edad difícil, así que como su madre y su sobrina estaban en Madrid, hizo las maletas y se fue.
Dim lights
7 de septiembre de 1997. Ningún inmigrante olvida nunca la fecha en la que aterrizó. "Tenían que venir a buscarme, pero no se pudieron escapar del trabajo. Así que me encontré solo, en una ciudad extraña y sin saber qué hacer. Tuve suerte y unas chicas colombianas me ayudaron. Desde ese momento, las cosas fueron muy rodadas. Claro, lo primero que hice fue buscar alguna liguilla. Y en el camino al Retiro (donde se reunían los ecuatorianos) ya me encontré con un amigo que justo tenía una habitación libre. Empecé a trabajar como conductor de furgoneta, luego fui subiendo de puesto en esa empresa, y terminé cobrando un sueldo muy bueno. Sería el mes de febrero. La fatídica fecha, cuenta. Fue entonces cuando Raúl tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida. El momento en el que todo hubiera podido ser diferente. "Desde Ecuador me reclamaban para que volviera al equipo. Tenía que seguir mi carrera como futbolista, así lo ponía en el contrato. Pero nunca llegué a cumplirlo y hoy me arrepiento. Salí mal".
Sí, porque entonces las cosas se torcieron. La empresa que tan bien parecía que iba, meses después, quebró. Y se vio en la calle, con sus sueños también rotos. Intentó deshacer el camino. Llamó a su antiguo equipo para regresar a su país, pero allí ya no le querían. Así que no le quedó más remedio que empezar de cero. "No sabía hacer nada. Me había pasado toda la vida detrás de un balón, y ahora tenía que aprender una nueva forma de ganarme el pan", asegura con gran templanza. Estuvo cinco años en la construcción, luego en una frutería y en una reprografía, en una mensajería y como repartidor: "Fue duro, pero vengo de una familia humilde y no se me cayeron los anillos. El destino quiso marcar ese camino y eso fue lo que hice".
Las experiencias muchas veces hacen reflexionar. Y Raúl es de esos tipos que piensan lo que hacen. Tiene la mirada dura, es responsable con sus decisiones, ya sean para bien o para mal. En el campo aplica ese mismo criterio, porque sabe que es la manera de que le respeten y de enseñar a esos chicos a respetarse. Por eso, es hoy un entrenador muy valorado. Además de estas clases a juveniles, entrena a un equipo sénior de la liga APEM (una de las más importantes de Madrid), el Guayllabamba, y ha sido seleccionado para dirigir, junto con otro futbolista reconocido, José Oleas, el team de Ecuador que jugará en el VIII Mundialito de la Inmigración.
Respira hondo. A veces recuerda con emoción los tiempos en los que salía al campo, abarrotado de gente, y dispuesto a ganar una liga: "Qué sensación tan maravillosa. Es una de las cosas más especiales de mi vida. Esa adrenalina... Es inexplicable". Aunque en la otra balanza también hay momentos amargos, que se suman a los que sólo pueden sentir aquellos que están lejos de su familia. "Las muertes de mi hermana, enferma de cáncer, y de mi padre, hace poco años, fueron días muy duros para mí. No pude estar a su lado. Nunca antes sentí así la distancia. Es una enorme impotencia saber que han fallecido y que no puedes hacer nada", cuenta intentando esconder los sentimientos. El tiempo sigue avanzando imparable y la vida sigue. Raúl mira hacia atrás quizás pensando en aquel cruce de caminos en el que tuvo que decidir cuál era el mejor. Sin embargo, no se arrepiente de lo que es ahora. Todo lo que ha vivido lo han conformado tal y como es, y aquella decisión que tomó hace unos 12 años le han llevado hasta donde está.
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