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Ana Beatriz Corona, un sueño hecho realidad

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Lo persiguió durante muchos años y lo consiguió. Es una apasionada de la música, especialmente del violín, y le encanta trabajar con niños. Juntó los dos, y a eso se dedica, es profesora. Pero además está implicada en un proyecto muy especial, Voces y Música para la Integración, que pretende abrir un espacio de integración donde niños y niñas, inmigrantes o no, pueden disfrutar y aprender este arte.Ana Beatriz en uno de los pocos momentos que puede dedicar a tocarlo. Eso sí ensaya por lo menos una hora al día.

Lo persiguió durante muchos años y lo consiguió. Es una apasionada de la música, especialmente del violín, y le encanta trabajar con niños. Juntó los dos, y a eso se dedica, es profesora. Pero además está implicada en un proyecto muy especial, Voces y Música para la Integración, que pretende abrir un espacio de integración donde niños y niñas, inmigrantes o no, pueden disfrutar y aprender este arte.

 


Hace ya más de 30 años José Antonio Abreu (Venezuela, 1939) creó la Orquesta Simón Bolívar, el germen del gran gigante que hoy es el sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. El maestro lo tenía muy claro: "La música transforma profunda y definitivamente sus vidas". Ana Beatriz Corona fue una de ellas.

Tenía tan sólo 12 años cuando supo que su vida la dedicaría a la música. Como muchos otros niños de su provincia, entró a estudiar en la Orquesta de Valencia y se enamoró perdidamente del violín, su compañero y fiel amigo del que jamás se ha separado. Primero del que le regaló su padre, con el que aprendió a tocar los incipientes acordes, y, después, del que ella misma se compró, en una tienda de anticuarios, y por el que sintió un auténtico flechazo.


Con su violín
Con su violínAna Beatriz en uno de los pocos momentos que puede dedicar a tocarlo. Eso sí ensaya por lo menos una hora al día.
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Abre el estuche con un cuidado casi espiritual. Lo enseña con orgullo, coge el arco y empieza a tocar. Los ojos cerrados, en señal de profunda concentración, y una evasión total de la realidad. Sólo oír sonar la música.

Pero dura apenas unos minutos. Al otro lado de la puerta, se oyen ya los gritos y carreras de los niños que acaban de terminar las clases de coral. Después del almuerzo, pasarán a las que imparte Ana Beatriz. Lleva muchos años preparándose para poder empezar a disfrutar de su carrera como profesora musical. Primero en Caracas, después en Paris y, finalmente, completó sus estudios en Barcelona, donde llegó con su esposo el 12 de agosto de 2004. "Fue casi el viaje de novios porque nos acabábamos de casar tres días antes en Venezuela", cuenta entre risas. Él es ítalo-venezolano por lo que ninguno de los dos tuvo demasiados problemas para conseguir legalizar su situación. Tan sólo los tiempos habituales de los procesos burocráticos, meses que ella aprovechó para aprender, "lo primero", catalán y obtener el título de nivel C. A partir de ahí las cosas fueron muy rodadas. Saltó de un trabajo a otro, empezando, como muchos otros inmigrantes, como tele operadora y, luego, en un jardín infantil, donde el camino ya iba enfocándose hacia lo que ella quería. Paralelamente, le fueron saliendo clases particulares de solfeo, hasta que dio con Pablo González.


“Es un trabajo muy bonito porque los niños tienen una capacidad y una sensibilidad muy especial. Mi sueño es que las cosas sigan así. Y quién sabe si alguno llega a ser músico”

 

Pablo es el artífice de la versión catalana de los orquestas de Venezuela que impulsó Abreu. Bajo el paraguas de la Asociación de Músicos por la Paz y la Integración, en 2005 se creó el proyecto Voces por la Paz y la Integración, que pretende unir a niños y niñas de entre 5 y 15 años tanto del país como extranjeros. Participan hasta 30 nacionalidades (Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina, Marruecos y Rusia) y el objetivo es conseguir que la música abra un espacio de comunicación que ayude a estos chicos en su proceso de integración en la sociedad. Ana Beatriz es la que lleva la batuta y la que, a pesar del cansancio que conlleva unas clases con tantos chavales, disfruta al máximo con lo que hace: "Es una trabajo muy bonito porque los niños tienen una capacidad y una sensibilidad muy especial. Mi sueño es que las cosas sigan como hasta ahora, me gustan los pequeños y me apasiona la música, por lo que quiero seguir así. Y quién sabe si alguno de ellos llega a ser un buen profesional".

Es la hora de empezar. En el piso de arriba del Centro Cívico Les Basses, en Nou Barris, Barcelona, están todos preparados con sus violines afinados y sus arcos preparados. "Cada semana hay chicos nuevos. Lo ideal es empezar cuanto antes. ¡El más pequeño que tuvimos tenía 4 años! Trabajamos para que tengan un buen nivel, y puedan incluso enfrentarse a un concierto. De hecho, hacemos por lo menos tres al año y es muy bonito. Lo fundamental es práctica y disciplina, algo que en su vida les ayudará para cualquier cosa", asegura.

El compositor Daniel Barenboim afirmó una vez: "A la música sólo hay que darle su lugar en la vida social para que, entonces, el efecto sea enorme. Lo maravilloso de esto es que a los dos minutos a uno se le olvida todo y la escucha". Un ejemplo son sin duda estas clases. Da igual quién esté detrás del violín, lo importante es cómo lo sientan, y eso traspasa fronteras. Los padres están más implicados que nunca, les ayudan con las clases, les compran los instrumentos y sueñan con que acaben siendo unos apasionados, como Ana Beatriz.


MÁS INFORMACIÓN
…. Asoc. de Músicos por la Paz y la Integración.
c/ Vent, 16, 2º. 08031 Barcelona. Tel: 93/4295826 ó 625/934835.

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anabeatrizcorona.blogspot.com



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