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Gustavo Reyes, historia de un pequeño gran artista

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1011ninocantor2Nació en Santa Cruz de la Sierra, tiene sólo once años y es hijo de una pareja de inmigrantes que eligió España para labrarse un futuro mejor, pero su talento le convierte en un niño singular.
"El Charrito" ha compartido escenario con Joselito, Tamara y Shaila Durcal, ha participado en programas como Cántame una canción y ha cautivado con su voz a miles de espectadores.



Las manos de Gustavo recorren con agilidad el teclado de su ordenador. Quiere contar su experiencia y sabe que el mejor modo de hacerlo es mostrarla. En Internet, varias páginas contienen vídeos y fotos de sus actuaciones; casi todas las que ha hecho en España desde que se marchó de su Bolivia natal.

Originario de la ciudad de Santa Cruz y con apenas once años de edad, Gustavo Reyes -"El Charrito"- es, en sí, una promesa. Su voz ha logrado cautivar a los profesionales de la canción, a los telespectadores y al público de las galas, que le han expresado su aprobación y cariño cada vez que se ha lanzado a cantar. "A las personas les gusta cómo canto y a mí me gusta mucho hacerlo", dice el pequeño gran artista mientras coge el mando de la tele y pulsa el "play". En la pantalla aparece, de pronto, conversando con Juan y Medio. "¡Mira qué pequeño era yo! Ha pasado mucho tiempo desde entonces", cuenta. Largos años para sus padres, media vida para él, que se fue de su país cuando empezaba la escuela primaria.

"En Bolivia no hay economía de proyección, sino de subsistencia -explica el padre de Gustavo, José-. Por eso nos fuimos de allí hace unos años. Primero viajó Sara, mi esposa, y luego vinimos mi hijo y yo. Recuerdo que él traía puesto su sombrero".  Tras pasar una temporada en Madrid y casi un año en un pequeño pueblo de Castilla-La Mancha, la familia se trasladó finalmente al País Vasco, donde vive desde hace dos años.

La idea de emigrar era antigua. "Lo habíamos intentado antes, no en España, sino en Argentina, porque teníamos familiares allá, pero el proyecto se truncó y nos quedamos en Bolivia. La verdad es que, cada vez que preveíamos marcharnos, ocurría algo que nos retenía. Al final, surgió la posibilidad de cruzar ‘el charco’; preparamos todo y nos vinimos", explica el padre. A José, que estudió Ingeniería, no le importó "trabajar de otra cosa y tener que empezar desde cero". Desde su punto de vista, con título universitario o sin él, "las posibilidades de labrar un futuro allí eran pocas" y, teniendo familia, "sólo puedes pensar en progresar".
"Cuando tienes familia, sólo puedes pensar en progresar, pero en Bolivia no hay una economía de  proyección, sino de subsistencia", señala  el padre de Gustavo

El desarraigo, las decisiones, los momentos complicados y la espera de los papeles para establecerse con tranquilidad forman parte de la historia de esta familia que, en muchos sentidos, es idéntica a la de tantas otras. La diferencia es el talento de Gustavo, que no ha dudado en subir a infinidad de escenarios, ni en cantar en directo ante la cámaras de televisión.

Su aparición más reciente -que muchos recordarán porque tuvo gran difusión y un punto muy entrañable- fue en el programa Cántame una canción, que emitió Telecinco este año. Pero no ha sido la única. Desde que llegó a España, Gustavito, como le llaman sus padres, ha compartido escenario con figuras de la talla de Tamara, Joselito o Shaila Durcal. También participó en la gala de los premios Veo Veo, en 2009, y en los programas Menuda Noche y Tal como somos. "¡Y conocí en persona a David Bisbal! -desvela-. Fue en los pasillos de un plató. Yo iba al baño, lo encontré ahí y me dijo: 'Eh, tú, algún día tenemos que cantar juntos'. Es muy simpático".

En estos años, "El Charrito" ha tenido el privilegio de cantar con grandes estrellas, entre las que destaca Joselito, para gusto de su abuela. La mujer admiraba tanto a Julio Iglesias, Camilo Sesto y Joselito, que decidió bautizar así a sus tres hijos. "Yo no me llamo José, sino Joselito, en diminutivo", tercia el padre de Gustavo, que comparte con su hijo el gusto por la música: "Cuando vivíamos en Bolivia, yo cantaba en el coro de la universidad. Y Gustavo, desde muy pequeñito, disfrutaba cantando conmigo". Aún hoy, lejos de casa, mantienen esa afición. En la sala de su casa, guitarra en mano, padre e hijo improvisan un concierto privado y eligen, para el espectáculo, dos canciones emblemáticas en el continente latinoamericano: Mi viejo San Juan y Recuerdos de Ypacaraí. Potente y dulce a la vez, la voz de Gustavo resuena en la habitación y parece llenarlo todo.
"Me crié con las  rancheras pero, ahora que soy más grande, prefiero los temas de amor", dice "El Charrito", que admira el romanticismo de Julio Iglesias

"Me crié con las rancheras pero, ahora que soy más grande, prefiero los temas de amor", explica el niño, que celebró su cumpleaños en septiembre. Al preguntarle por sus gustos, la respuesta es contundente. Señala que su "primera referencia" musical es Julio Iglesias, "porque tiene unas canciones románticas muy buenas", aunque también le gustan mucho "los cambios de tono de Camilo Sesto". Cuando canta, y también cuando habla, por momentos cuesta creer que sea un niño.
"Es que llevo muchos años cantando -indica-. ¿Y sabes qué? Todavía me pongo nervioso cuando voy a salir a un escenario. Cada vez es como la primera, por eso respiro hondo y cierro los ojos. La gente dice que no se me notan los nervios, pero yo sí me doy cuenta; siempre me tiembla aquí", describe señalándose la barbilla.

Su biografía es tan intensa que genera incredulidad. "Al principio, cuando decía que era cantante, mis compañeros del cole no me creían. Tuve que mostrarles los vídeos -dice Gustavo-. Y una vez la maestra puso uno de ellos en la pantalla que tenemos en el aula". A propósito de la escuela, su padre insiste en que la educación es crucial: "Muchas veces se estigmatiza a los niños artistas; se los percibe como muñecos rotos. Gustavito tiene mucho talento, pero no por eso dejará de estudiar".



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