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Ney Briones. Algo más que la apariencia

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Quería saber qué había al otro lado del oceáno. Buscaba hacer realidad sus ilusiones que iban más allá de tener una buena casa y una consulta. Este ecuatoriano, médico, trabaja ahora en Barcelona aportando más que su profesionalidad: intenta ayudar a los demás y devolver a su país “algo de lo que él me ha dado”

Ney Briones, médico ecuatoriano en su consultaNey en su consulta. Fotos: Mónica Prat.

Es una persona normal. Se levanta, acude a su trabajo, vive tranquilo en su piso. Tiene sus amigos, a su familia, sus proyectos y sus ilusiones. Vive como cualquiera, y no hay un “sin embargo” que pueda hacerle diferente e, incluso, que quizás le haga merecedor de aparecer en un medio de comunicación. Es como todos. Pero, también, como todos, Ney Briones es una persona especial.

De hablar tranquilo y pausado. Medita bien lo que quiere decir y cómo. Hay claridad en sus palabras. Y lo más importante, en una conversación con él la palabra “humildad” recobra su verdadero significado.

Nació hace 36 años en un pequeño pueblo de Guayaquil (Ecuador), Quevedo-Los Ríos. Su madre tenía dos hijas más. Y su padre otros 12. Eran de clase media baja, con el dinero suficiente para vivir. Ahorrando, Ney pudo estudiar. Y en algún momento de su infancia le interrogó a su profesor: “¿Cuál es la profesión más bonita del mundo y que además me haga presidente de Ecuador?”. Una carcajada le sigue a esta pregunta, por la segunda parte, claro, pero no por la primera. Ney se dio cuenta entonces que quería ser médico, y ayudar a los demás.

Fue a la Universidad de Guayaquil y en 2001 ya se había graduado. Su siguiente año, lo pasó en las prácticas del Estado como médico rural. Fue a parar a una de las áreas más pobres del país, La Manga del Cura, donde conoció de cerca las verdaderas necesidades. Y ahí nació el proyecto al que años más tarde daría forma: “Es una zona sin casi recursos, ni apenas servicios básicos. Todos los años, nuestra entidad (la asociación Internacional de Sanitarios en España  - AISE) organiza un viaje con médicos, en su mayoría, españoles a esta parte de Ecuador para dar atención sanitaria, medicamentos y, sobre todo, educación en la prevención de enfermedadades como el SIDA. Es el momento de devolver a mi país algo de lo que él me ha dado”.

“Estando en España me he dado cuenta de lo egoístas que somos. Allí los problemas son la falta de asistencia y medicamentos. Aquí, lo tenemos todo y nadie lo valora”

Y tiene muy claro que no va a dar limosna, ni caridad, sino que intenta que su trabajo y el de sus compañeros que sacrifican, casi todos, sus propias vacaciones, se valore: “No somos paternalistas. Si vamos regalándolo todo, al final no sirve para nada, porque se creen que siempre es así. Nosotros exigimos algo a cambio, la comida, el alojamiento o el transporte. Tenemos que conseguir que las autoridades y todos los del pueblo se impliquen, porque es la forma de cambiar las cosas. Cada uno tiene que poner de su parte”.

 Aquí es donde sabes que Ney es alguien especial. Su fe va más allá de cualquier religión. Es un convencimiento, una forma de vivir. Como su propio sueño: Trabajar para cubrir las necesidades básicas, tener salud, y una esposa e hijos. No aspira a una gran casa, con coches y lujos. Simplemente vivir bajo sus convicciones.

Y esa fue la razón por la que tampoco se quedó en Ecuador. Allí como médico hubiera podido residir como un clase media, en un bonito apartamento, y con una consulta que diera mucho dinero. Pero aspiraba a algo más. Sus ilusiones le hacían ir más allá que la simple rutina “casa-trabajo”. Quería ver qué había al otro lado del “charco”.  
Y lo cruzó en 2003, rumbo a Santa Coloma de Gramanet, en Barcelona.

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Con su titulación y la necesidad tan alta que hay en España de médicos, apenas tuvo problemas para encontrar trabajo y empezar a labrarse un camino. Además tenía un buen amigo que le ayudó bastante. Y así las cosas salieron más o menos fáciles. Hoy trabaja en un centro de salud, en urgencias, se va a comprar un piso en propiedad y, cuando puede, sigue enviando dinero su madre.

Se nota que dedica muchas horas a su profesión y que está totalmente entregado a ella, pero no deja que le coman esas horas de reflexión y entrega a sí mismo. Se respeta y logra transmitirlo: “Estando en España me he dado cuenta de lo egoístas que somos. Allí los problemas vienen por la falta de asistencia y de medicamentos. Aquí, sin embargo, lo tenemos todo. La Sanidad es gratis y nadie lo valora. Un simple resfriado puede llegar a verlo tres médicos diferentes. No somos capaces de ser pacientes, queremos resultados rápidos y perdemos la perspectiva de la realidad. El miedo nos ha dominado hasta tal punto que apenas sabemos lo que es verdaderamente importante”.De ahí la fuerza de Ney para intentar darle sentido las cosas. Para que cualquiera que esté a su alrededor se dé cuenta de lo que tiene.

Desde la asociación a la que dedica muchos de sus esfuerzos personales aporta ese granito de arena para hacer de este mundo un lugar mejor para vivir. Es de esas personas entregadas. Sinceras de verdad consigo mismas, y su forma de pensar. Ney Briones es una persona normal. Se levanta, acude al trabajo y vive tranquilo. Pero como todos, Ney Briones es una persona especial.



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