En 1994 vivió en carne propia la experiencia del secuestro. De vuelta a la libertad, se propuso hacer un programa radial para que los secuestrados en Colombia recibieran mensajes de aliento de sus familiares y amigos, una iniciativa que lleva diecisiete años en el aire. Tras sobrevivir a cinco atentados contra su vida, abandonó Bogotá en 2008 y se instaló en Madrid, donde ha logrado seguir con su labor e incluso exportarla.
Son las 12 de la noche en Bogotá (siete de la mañana en Madrid) y la voz de Herbin Hoyos emerge serena, nítida, como una llama. "Aquí comienza Las voces del secuestro, y le damos la bienvenida a todos aquellos que están esperando su turno para el regreso a la libertad. Una vez más, iniciamos esta cita con la vida". Los micrófonos están abiertos, como desde hace diecisiete años, y de un momento a otro el espacio empezará a llenarse de mensajes de aliento para los cientos de secuestrados en Colombia.
Es tranquilo, aplomado y con un aire bonachón. Se mueve con la destreza de quien ha pasado casi toda su vida en los estudios de radio. El primero que pisó, cuando tenía poco más de doce años, fue el del colegio en el que hacía el bachillerato, en un pueblo del sur de Colombia llamado Pitalito. Ahí decidió que lo suyo era el periodismo. Más tarde, mientras corría el convulso 1989, llegó a Madrid para sacar adelante su licenciatura.
Pero un llamado inesperado interrumpió el curso de sus estudios. Animado por un compañero de clase, emprendió la ruta hacia Irak, país azotado en aquellos años por la Guerra del Golfo, y durante unos meses se dedicó voluntariamente a labores humanitarias, como la asistencia de víctimas y el levantamiento de cuerpos. Volvió a Madrid con la certeza de que quería convertirse en reportero de guerra.
“Aquel hombre tenía razón. Entonces le hice una promesa: ‘Si salgo vivo de aquí, voy a hacer un programa para rescatar a los secuestrados del olvido’. Y así sucedió”
Dos años después, cuando alguien le habló de las labores de reconstrucción en la antigua Yugoslavia, no lo pensó dos veces y preparó las maletas. Esta vez, además de voluntario, elaboró informes para varias cadenas radiales de su país y Latinoamérica. "Fueron dos experiencias muy buenas: la del Golfo y la de los Balcanes. Había visto de cerca el horror de la guerra y en lo único que pensaba era en volver a mi país para aportar mi experiencia, no sólo como periodista, sino además como colombiano", cuenta.
Regresó a Bogotá y se consolidó como reportero de la cadena Caracol, una de las más importantes del país. Todo estaba en orden. Hasta que una mañana, en marzo de 1994, dos miembros de la guerrilla de las FARC vinieron a verlo al estudio de radio y, armas en mano, lo obligaron a subirse a una furgoneta: estaba secuestrado. Lo llevaron a una zona rural y montañosa del centro del país, donde estuvo diecisiete días antes de que fuera rescatado por las fuerzas armadas. En el campamento guerrillero se hizo amigo de otro cautivo. El hombre le reconoció al poco tiempo, y casi enseguida le recriminó la indiferencia de la prensa hacia los secuestrados. "Aquel hombre tenía razón. Colombia había olvidado a sus secuestrados. Entonces le hice una promesa: 'Si salgo vivo de aquí, voy a hacer un programa para rescatarlos del olvido'. Y sí, tuve la fortuna de sobrevivir".
Fue el punto de partida para el programa Las voces del secuestro, espacio radial que durante los últimos diecisiete años ha abierto sus micrófonos a familiares y amigos de los secuestrados en su país. "En las selvas, el único contacto que ellos tienen con la realidad es una radio, que de vez en cuando los guerrilleros les dejan, y me pareció un buen medio para que recibieran mensajes de aliento de sus seres queridos", agrega.
Desde su primera transmisión, Herbin ha recibido con alegría la vuelta a la libertad de cientos de secuestrados, a los que considera parte su familia. Entre ellos, a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, rescatada en julio de 2008. Su labor periodística ha sido reconocida nacional e internacionalmente con más de 87 galardones, y actualmente el programa está enlazado a la Red Mundial de Radio, una organización que agrupa a más de 1.200 emisoras en todo el mundo, y de la cual Herbin es gestor y promotor.
Pero a pesar de estos logros, su trabajó también le ha traído amenazas de muerte por parte de los grupos armados y, algunas veces, de las propias instituciones del Estado. Ha sobrevivido a cinco atentados y a otras cuantas tentativas. La última de ellas, en el año 2008, fue el punto de giro para que abriera otra puerta en su vida laboral y personal: España. "Suelo enfrentar mis miedos hasta derrotarlos. Pero a veces es necesario hacer caso de los límites. Y en ese momento me di cuenta de que lo mejor era hacer una tregua", recuerda.
Desde entonces vive en Madrid, ciudad desde la que sigue emitiendo Las voces del secuestro y que se ha convertido en su centro de operaciones. Desde aquí, Herbin coordina los enlaces que día a día se van sumando a su causa. Tanto así, que hace pocos meses ha empezado a emitirse una versión del programa desde México, uno de los países con mayor número de secuestrados del mundo.
Ahora son las 6 de la mañana en Bogotá (la una de la tarde en Madrid). Es el final, y en la cara de Herbin hay un esbozo de alegría, de serena satisfacción. Sabe que una emisión más puede ser la chispa para mantener encendida la llama de cientos de vidas en las selvas de su país. Su voz, a esta altura, es una mezcla de aplomo y esperanza: "Nos despedimos, pero no nos vamos. Aquí estaremos hasta que sea liberado el último secuestrado en Colombia. Ese día dejaremos de emitir este programa".
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