Pero hay otro tipo de accesorios, invisibles en los escaparates, de los que podemos echar mano para sentir y hacer sentir a los demás agradables sensaciones cálidas.
En época de Navidad, estos complementos se hacen aún más tangibles, aunque siempre haya algún despistado con ganas de ignorarlos. Hablo de una llamada inesperada a ese amigo con el que hace tiempo que no hablamos. O de dar conversación a la vecinita anciana que vive sola. Una carta manuscrita a los familiares lejanos, para que puedan disfrutar del gozoso tacto de un trozo de papel que también hemos tocado nosotros.
La compra simbólica al vendedor callejero de flores, ¡ese sí que tiene frío! El apretón de manos al compañero de trabajo que pasa por momentos difíciles. Por fin un café con aquel profesor que te enseñó tanto… No se ven, pero se sienten. Son fugaces, aunque memorables, subidones de nuestra temperatura sentimental. Complementos siempre reconfortantes. Ha llegado el frío, sí, pero plantarle cada día es tan fácil... que el que tirita por dentro, es porque quiere.
Gracias










Añade tu comentario