El atentando del 30 de diciembre segó la vida de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate pero también sirvió para mostrar a la sociedad que los inmigrantes no son sólo “mano de obra”; también viven, sufren, disfrutan y mueren en este país que, con o sin papeles, ya es el suyo. La marca de la banda terrorista ETA, abrió los ojos a muchos inmigrantes que pudieron conocer un poco mejor a éste, su otro hogar. En el País Vasco no todos quieren la independencia, pero sí hay un sentimiento nacionalista en la mitad de la población; y pocos, menos de un 10% apoyan a ETA, aunque son suficientes como para que no le falten terroristas.
Desde hace años la mayoría de la sociedad española se atrevió y eso en pequeñas poblaciones vascas es un acto muy valiente a salir a la calle, gritar a los terroristas y a enfrentárseles. Por eso se da tanto valor a las manifestaciones. Éste es el problema que más ha preocupado a los españoles durante años. El que más duele a los vascos -muchos concejales allí están amenazados.
También es la situación que más veces ha hecho que los ciudadanos sientan ver-güenza por las reacciones de sus políticos. Es importante saber esto porque se vive y se muere aquí. También porque en mayo, muchos votarán aquí. Y en la manifestación del 17 de enero no sólo fallaron algunos políticos, se echó en falta a inmigrantes que no fueran ecuatorianos. Y eso importa porque éste, con lo bueno y con lo malo, es un país que pertenece y se construye entre todos. La dirección.
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