Muchas personas de origen inmigrante ejercerán un derecho al voto que han ansiado desde hace tiempo y serán, entonces, cómplices y guardianes de las políticas que los cargos electos desarrollen. Incluso algunos con valentía se presentarán a los puestos municipales y entrarán de lleno al ruedo político, como ya han hecho los inmigrantes nacionalizados más ambiciosos.
Pero los estrategas y estudiosos de los resultados electorales ya han empezado a cocinar datos, incorporando esa masa crítica de inmigrantes a las quinielas electorales, con especial atención en aquellos municipios con resultados apretados, donde el concejal de la victoria se ganó por apenas un puñado de votos y donde los nuevos votantes pueden cambiar colores, siglas y, a fin de cuentas, quitar y poner alcaldes.
Tanto es así que algunos políticos comodones, que no quieren perder el sillón, están empezando a bajar a la arena y dejándose ver por eventos por y para inmigrantes, haciéndose la foto fácil y trabajando un votante que, para muchos, sin ser querido, puede ser su flotador de salvación. Paradojas de la política.
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