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Llegó a Bilbao hace tres años, después de haber vivido veinte en Estados Unidos. Una parte de su familia está allí, al otro lado del océano Atlántico. La otra vive en Euskadi. Tiene una hija y un nieto en Mondragón, y fue por ellos que vino, aunque "no quería ser una carga", dice. |
Por esa razón, casi desde el principio Jesús se puso a estudiar. En total, ha hecho 17 cursos de formación profesional con la esperanza de insertarse en el mercado de trabajo. "Ahora doy clases particulares de inglés, pero con eso no alcanza -explica-.Tengo 52 años y me gustaría cotizar a la Seguridad Social para poder jubilarme algún día".
A Jesús le preocupa el porvenir casi tanto como le inquieta el presente. Como persona mayor y sin trabajo seguro, se siente vulnerable. Cuenta que, tras acabar un curso de cocina, le dijeron que era "demasiado viejo" para que alguien lo quisiera contratar. "Es incomprensible -señala-. Yo he trabajado en muchos restaurantes; tengo experiencia y no hay nada que me impida preparar un plato".
Pero el asunto laboral no es el más grave. A fin de cuentas, la crisis es un hecho y hay millones de personas en su misma situación. Lo más grave, y lo que Jesús de nuncia, es que se ha sentido discriminado por ser negro.
| "Los recursos para combatir las actitudes xenófobas y racistas todavía son escasos", señala este profesor de inglés nacido en Colombia" |
"Había quedado a tomar café con un amigo y, como no lo vi en la calle, me asomé a la ventana de un bar para ver si él estaba dentro -relata-. En ese momento, uno de los responsables me gritó: ‘¡Lárgate de aquí, africano!’. Yo le dije que no era africano, sino afrocolombiano, y el hombre me respondió que le daba igual. Me dijo: ‘Eres un negro más’, e insistió en que me fuera". Jesús hace una pausa y añade que esta es la primera vez que le pasa algo así, que una persona se meta frontalmente con él por ser negro.
"He vivido en Houston, Louisiana y Nueva York y jamás me he sentido discriminado. Aquí, en cambio, parece que el hombre negro sigue siendo una sombra del blanco. Los recursos para combatir las actitudes xenófobas y racistas todavía son escasos. Para peor, las asociaciones no toman cartas en el asunto: en lugar de ventilar ese problema social, se conforman con hacer fiestitas". De ahí que Jesús se queje públicamente por lo que le ha sucedido. "¿Será posible que, todavía hoy, las cosas sigan igual?".
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