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Esa música que porta las raíces

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Adama Guindo es uno de los pocos burkineses que residen en Bilbao (85, según el INE, uno solo según él, que todavía no se ha cruzado con nadie de su tierra en Vizcaya). title

Adama Guindo es uno de los pocos burkineses que residen en Bilbao (85, según el INE, uno solo según él, que todavía no se ha cruzado con nadie de su tierra en Vizcaya).

"De verdad, a veces pienso que soy el único, porque no he encontrado a ningún otro desde que vivo aquí", comenta. Tal vez por eso, su país, su cultura y sus tradiciones son bastante desconocidas de este lado del globo.


 
Adama tiene 30 años y llegó a Bilbao hace tres, aunque la vida como extranjero no es nueva para él. Cuando tenía siete, se trasladó con su familia a Costa de Marfil, al igual que muchos otros ciudadanos burkineses que buscaban seguridad y trabajo. Era 1987, un período convulso para el país, que acababa de sufrir un golpe de Estado y el asesinato de su presidente.

"También viví en otros sitios, no me quedé sólo allí", aclara. Níger y Mali lo vieron crecer como artista. Y otra nación, Ghana, lo vio partir rumbo a Europa. ¿La razón? "El amor. Yo vine a Bilbao por amor", porque su chica, a la que define como "la base de todo", es de aquí. El cambio fue muy grande. "Culturalmente, esto no tiene nada que ver con aquello. Ni siquiera ser músico, por ejemplo, significa aquí lo mismo", dice con sus manos apoyadas en el djembé (un instrumento de percusión típico de su país). "Hay mucha gente que sabe tocarlo y cualquiera puede aprender, pero muy pocos conocen su importancia y su significado. Ser músico en Burkina Faso es mucho más que hacer sonar un instrumento", puntualiza.


Nació en Burkina Faso, es músico "de toda la vida" y pertenece a una familia de griot. Hace tres años llegó a Bilbao por amor

Su profesión tiene, de hecho, un reconocido papel social y cultural, que va más allá de la diversión, la fiesta o el entretenimiento. "Pertenezco a una familia de griot -dice con orgullo- y nuestra labor es muy importante". Además de interpretar música tradicional y moderna, los griot son los encargados de preservar y difundir la historia y las costumbres de la comunidad. A veces, lo hacen con música y, otras, con narraciones fantásticas, poemas o cuentos.

"Soy músico desde que nací. Esto es lo que sé hacer, lo que soy, pero aquí es distinto. He intentado dar clases, he puesto anuncios y participo en varias agrupaciones musicales que reúnen africanos y vascos, pero he descubierto que en Europa es mucho más difícil vivir de la música. La percepción de los demás es diferente", asegura.



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